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Dar de comer a la tierra. Alimentos sagrados en la fiesta de la Cruz, Laderas Centro


En lo alto de un morro de la comunidad se yergue la Cruz, protegiendo a la comunidad de los fenómenos climáticos a que está expuesta la producción agropecuaria. Para la fiesta de la Cruz, el 3 de Mayo, se baja la imagen desde el morro protector para recibir una misa en su honor en la iglesia de la comunidad, y un agasajo festivo en la casa de los alfereces, para luego subir nuevamente al morro, donde es plantada para permanecer allí durante todo el año cumpliendo su rol de protección a la comunidad.

 

En todo este ritual, una parte importante es la simbología relacionada a la ofrenda abundante de la comida y bebida, tanto a la Tierra como a los participantes de la fiesta. En lo que respecta a los visitantes a la fiesta, la secretaria general de laderas nos informa que la costumbre de dar de comer a los visitantes se fue implementando luego de ver en los primeros años los efectos de las bebidas alcohólicas en el ritual de colocar a la Cruz nuevamente en el morro, de donde la gente bajaba ya a “media fuerza”, de manera que se pensó en dar de comer a los acompañantes antes de subir al cerro para que puedan aguantar sin mayor problema todo el ritual.

Sin embargo, esta es una costumbre antigua y generalizada en las comunidades campesinas chapacas, el dar de comer generosamente a todas las personas visitantes de la fiesta, y no es extraño recordar entre los campesinos las visitas por días a las fiestas patronales de comunidades vecinas, donde la comida y la bebida no eran problema para el visitante, pues están eran invitadas por los anfitriones. Eso sí, cada año se designan alfereces diferentes, de manera que esta generosidad es distribuida entre los vecinos que van asumiendo por turno esta responsabilidad de asumir los costos de invitar comida y bebida a los visitantes.

Por otro lado está el ritual de dar de comer a la Tierra, y ya en la víspera, al momento de sacar la Cruz de su lugar sobre la Apacheta, es necesario realizar el ritual de la ofrenda generosa de vino y chica, coca y cigarro a la Tierra, sobre la figura de la Apacheta, donde se vierte abundante chicha y vino en mates, que son bebidas alcohólicas propias de una fiesta, y que se le dan de comer con cariño a latierrita, k’arar a la tierra dirían entre los propios campesinos ladereños, porque la Tierra también sabe comer y también tiene hambre.

Lo mismo ocurre en el descanso ubicado entre el morro y la iglesia, tanto en la bajada como en la subida de la Cruz, que es apoyada en un lugar específico, sobre una gran piedra que se asemeja a un altar pétreo, y es allí donde se realizan las ofrendas de vino y chicha, bebidas hechas por los propios campesinos.

Cuando se vuelve a plantar la Cruz en el cerro, sobre la Apacheta, el día de su fiesta al atardecer, se sube mucha chicha y vino para invitarse entre los fiesteros e invitar a la Tierra, principalmente sobre la Apacheta, aunque también se le puede dar a la Tierra una parte de lo que uno va a beber por el campo circundante a la Apacheta, que es lo que usualmente hacen los acompañantes que esperan mientras los alféreces y sus ocasionales ayudantes vuelven a plantar la Cruz en su lugar sobre la Apacheta.

Toda la bebida que se sube se acaba en esta ceremonia, todos toman y todos invitan a la Tierra, si no terminan de tomar los visitantes, se le da a la Tierra, porque la Tierra lo va a tomar gustosa, es su fiesta.

Lo mismo ocurre con el agua “bendita” que se sube, y se le hecha a la Cruz “hasta que se harte”, mucha agua, pero no solo se le hecha, sino que se le da de beber, de tomar agua, y abundante agua, ya que la Cruz debe quedarse hartada de agua, saciada, pidiéndole que para el año nuevamente haga que no falte el agua necesaria para poder sacar adelante los cultivos agrícolas y la cría de los animales en la comunidad, es decir, que haga llover en su tiempo y en la cantidad necesaria.

El agua en este caso no es bendita porque limpia los pecados, como sería la tradición católica, sino que en esta ocasión en especial es bendita porque es la que permite producir los cultivos y la hacienda, la que permite que haya vida, pero también la que puede castigar y evitar que haya vida, ya sea porque se excede o falta, sin agua no hay vida dicen los campesinos, y en Laderas Centro ese es un dicho que se lo entiende a perfección, pues el agua es un elemento sumamente escaso y muy valioso.

El alimento no es entendido entonces en su dimensión “nutricional”, sino en su dimensión sagrada y emotiva, portadora de la esencia vital y al mismo tiempo efusiva de los sentidos, como medio para exaltar la gratitud, así como la satisfacción y el gozo celebratorio, la alegría de haber recibido el don de haber cumplido un ciclo de vida, y la de poder establecer nuevamente ese acuerdo con las fuerzas naturales para seguir cumpliendo nuevos ciclos de vida. La comida usada para darse el gusto, para darse una satisfacción, y dárselo hasta el hartazgo, en su uso celebratorio, festivo, y exaltador del gusto.

Así, los comunarios realizan un ritual de renovación del pacto con lo sagrado, usando el alimento y la bebida como símbolos de mediación celebratoria de la reciprocidad entre lo sagrado y el mundo cotidiano que les toca vivir, ofrendando a lo sagrado la comida en su uso exaltador de los gustos, y lo sagrado es la Tierra viva, que tiene hambre y gustos por una rica chicha, un buen vino, una rica comida, que le gusta la alegría de una fiesta, que le gusta ser reconocida, celebrada, que es capaz de proteger y entregar, de ser generosa, pero también de enojarse y castigar, por eso es importante usar abundante comida, y comida sabrosa, bebida rica, se le debe dar lo mejor a la Cruz-Tierra, porque debe estar satisfecha, contenta, para que tenga voluntad para cumplir con su parte del pacto protector.

La gente la celebra, la recuerda, con abundante comida y bebida, la mejor, y a cambio se espera que ella les provea la protección de los fenómenos climáticos extremos y la lluvia necesaria para poder desarrollar la actividad agrícola en la comunidad. Se la celebra y se le ofrece la comida y la bebida que se elabora con los frutos y productos de lo que ella permite producir con su protección y generosidad.

La comida adquiere un simbolismo especial dentro de la fiesta, pues sintetiza la producción y la vida que esto hace posible, no es solo ofrenda de productos agrícolas, es ofrenda de lo que la gente sabe hacer con esos productos que salen de la Tierra con el trabajo y el conocimiento de la gente, y de la mejor manera que puede prepararla, para satisfacer sus gustos y necesidades de celebración del trabajo que permite vivir.